“UNº11. Tierra y Libertad, nº16, Barcelona, 1889. Un Comunista: ‘La oposición al colectivismo y la defensa del comunismo libertario


UNº11. Tierra y Libertad, nº16, Barcelona, 1889. Un Comunista: La oposición al colectivismo y la defensa del comunismo libertario  
               
                Con este título ha publicado nuestro colega anarquista La Solidaridad una serie de artículos para explicar la escuela colectivista a que pertenece: en dichos artículos y principalmente en el sexto y último es donde en sus conclusiones afirma el derecho individual, haciéndolo en nombre de la libertad, proclamándolo tan alto este derecho que hace absoluto al ser humano.
                No hallándonos conformes en sus principales afirmaciones, vamos a refutarlo en la forma que nos permite nuestra débil inteligencia y al mismo tiempo exponer nuestras teorías comunistas y anarquistas, a cuya bandera nos hayamos afiliados (...).
                Pasaron los tiempos en que nos satisfacían teorías científicas, y sólo nos hace prestar nuestra atención lo tangible, los hechos, lo material, porque la libertad, para ser un hecho, es necesario que no puedan existir opresores; que lo serían todos aquellos que, privilegiados por la naturaleza, puedan o pudieran ejercer su soberanía sobre los demás, aprovechándose de la buena fe o de la ignorancia para explotarlos a su sabor invocando en ello la libertad individual; pasaron los tiempos, en fin, que la palabrería no significaba nada para nosotros, sólo lo real, lo positivo, somos partidarios de evitar el mal, no del libre albedrío, el cual sólo puede concederse al salvaje de los bosques, porque éste nada recibe de la sociedad, y nada le debe, más en el estado de civilización esta libertad absoluta, este libre albedrío no puede ser un hecho, pues el hombre se halla en el deber de devolver a la sociedad los bienes que éste recibe, siendo en mayor grado su libertad cuanto más asegurada se halla su vida por los demás. Ningún individuo es nada sin los auxilios que los demás le prestan, nada es por sí si no se sirve de los demás, si estos beneficios los toma, y los da con cuenta y razón según la teoría Colectivista, el más hábil se aprovecharía del más débil, el más astuto del más noble de sentimientos, la lucha del hombre por el hombre no cesaría, y sería mayor que en la actualidad, porque hoy todos los que saben y pueden, no tienen los medios y vendríamos a parar después de una lucha terrible al mismo punto: los privilegiados harían nuevas leyes como siempre las han hecho, el dominio del hombre sobre el hombre crearía los mismos males que sufrimos en la presente organización.
                Nuestra teoría comunista no responde solamente a una necesidad, cual es evitar el egoísmo y el extravío de los sentimientos de la humanidad, a lo que el colega La Solidaridad llama sensiblería, y que hasta aquí el socialismo no tenía más filosofía que la del corazón, ni más derecho, ni más justicia que la del amor universal.
                ¿Puede proclamarse la libertad que tanto pospone, sin que antes se realice el humanitario principio de uno para todos y todos para uno? ¿De qué modo entiende el colega esta sublime frase?
                ¿No implica esto que tenemos deberes para con los demás?
                Mas según entiende el colega el principio de solidaridad es que el individuo sea absoluto en su derecho, y que según este derecho, cumpla o no con la solidaridad que tan alto proclama. El único modo de ser de la solidaridad sea un hecho está dentro de la propiedad común del producto del trabajo de todos; queremos, pues, como decimos anteriormente, los hechos, no la palabrería.
                No negamos la propiedad, al contrario, la queremos indestructible, pues solamente puede serlo segura, y menos sujeta a contingencias cuando es común que siendo individual.
                ¿Si, por ejemplo, los agricultores de una comarca, dividida en cien colectividades o agrupaciones distintas, trabajando cada una de éstas para sí, e igual número de grupos hiciesen que los resultados de sus cosechas fuesen propiedad común, en cuál de los dos sistemas hallaría el individuo más seguridad, y por consiguiente más libertad?; porque entendemos que la libertad sin la seguridad individual no existe, ni puede existir, a no ser que la libertad se entienda que es el derecho de hacer o dejar de hacer lo que el individuo quiera sobre su propiedad, negando si le place aquel producto a quien lo necesite, obligándole a pagar la cantidad o precio que en su soberanía tanga a bien. Esto es el derecho de explotar a quien necesita.
                ¿En qué se diferencia esto de lo actual?
                En nuestro concepto la libertad no es otra cosa que vivir en la seguridad de no ser atacado por nadie; tampoco concebimos una sociedad en donde el individuo tenga derechos, sin que en reciprocidad no tenga deberes para con la misma.
                Se declama mucho sobre el derecho que el individuo tiene a poseer y disponer como le plazca del producto íntegro de su trabajo, como base de la libertad individual, añadiendo que sin lo cual no existe ésta; nosotros preguntamos: cuando el labrador siembre y no coja, el minero no acierte con el filón, el obrero manual se equivoque en sus obra, y aun el ingeniero se equivoque en sus cálculos, y todos los que trabajen en proyectos que no salen a la luz con perfección, ¿a quién deben reclamar el producto de su trabajo? Contestaréis: al gran principio de solidaridad, que según vuestra teoría cumpliría el que quiera en uso de su soberanía; queda, pues, reducido este principio, mejor dicho, queda deshecho, sólo la caridad es la que responderá a los desgraciados, pero no sabemos si los buenos sentimientos que suplieran este deber, según nosotros y según vuestra sensiblería, le llamaríais caridad, puesto que el individuo podía en uso de su derecho ocuparse o no de los que sufrieran la desgracia de no poder obtener el fruto del trabajo empleado.
                Dice también el colega que su colectivismo está en el triunfo de la próxima revolución, y es lógico, lo augura en el sentido de hallarlo muy cerca del actual organismo, pues se lleva para hacer su obra los materiales de esta sociedad, quebrantando solamente una parte del actual edificio, si no consideramos que cada uno es como uno mismo, si el yo es base de la sociedad, ¿a qué buscar nueva forma? ¿acaso la presente no lo representa fielmente? Pero el talismán de los colectivistas es la ¡¡¡Libertad!!! Cuántas veces nos han embaucado con esa mágica palabra, resultando que hemos obtenido la palabra sola, y no el hecho. Nosotros consideramos que la libertad no se halla allí donde para vivir se necesita defenderse contra la sociedad, sino por el contrario, cuando la sociedad entera esté a la defensa del individuo. Este problema es el que resuelve el comunismo anárquico, haciendo que todos sean para uno y uno para todos.

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